Una habitación amplia, diáfana. Puerta de entrada, mesa con una silla y una cama. En primer término, a la derecha de la escena y frente al público, un amplio balcón exterior con barandilla. AMA, treinta años, está subida a un taburete con la mitad del cuerpo expuesto al vacío. Viste una camisa amplia, un camisón. Tiene los ojos cerrados.
La puerta del estudio se abre y entra BERTA, unos años mayor que AMA.
AMA.- (Abre los ojos y gira el cuello levemente) Esto no es lo que parece.
Berta camina hacia ella, la abraza con fuerza por la cintura y aunque Ama se resiste la introduce en la habitación. Ama se suelta y se tumba en la cama.
BERTA.- Ama, no puedo dejarte sola.
AMA.- Estaba tomando el aire.
BERTA.- He estado toda la mañana llamándote.
AMA.- Sí, lo creo.
BERTA.- El ascensor está estropeado. He subido los siete pisos andando. ¿Has salido?
AMA.- No.
Berta se acuesta al lado de Ama.
Silencio.
Ama se levanta y vuelve a subirse al taburete del balcón.
AMA.- Me dan envidia las palomas. No se preocupan. Solo vuelan y buscan su comida. Y un lugar alto y seco para dormir. Quisiera ser paloma.
BERTA.- Las palomas son como ratas. Sacos de infecciones. Lo llenan todo con sus excrementos. Destrozan edificios enteros. Deberían exterminarlas. Son una plaga.
AMA.- Cuando era una niña creía que los pájaros me atacarían si les miraba a los ojos. Me daban miedo. Tú no sabes lo que es el miedo. Tú te crees muy valiente.
BERTA.- A ti el cine te ha hecho mucho daño.
AMA.- Eres idiota.
BERTA.- Yo vivo en este mundo. No tengo la cabeza llena de pájaros.
AMA.- Ojalá fuera un pájaro. Picaría en tu corazón.
Berta se sienta en la silla.
BERTA.- Baja a la tierra. Vístete. Vamos a ver al terapeuta.
AMA.- Entraría por las ventanas en las casas de la gente.
BERTA.- Me ha llamado esta mañana preocupado, ayer no fuiste.
AMA.- Los vería en su intimidad. Sin máscaras.
BERTA.- Ama, el psicólogo está para ayudarte.
AMA.- La gente normal.
BERTA.- Me está costando una fortuna. ¿Entiendes?
AMA.- Les dejaría señales.
BERTA.- Estoy empezando a cansarme de tu egoísmo.
AMA.- Un pájaro espía.
Berta se levanta y se acerca al balcón. Tira bruscamente de Ama. Ella se deja caer al suelo.
BERTA.- ¿Crees que voy a estar detrás de ti eternamente? Cualquier día...
AMA.- Me dejarás y ya no tendrás que gastar tu dinero en cuidarme. Sabes lo que puedes hacer...
BERTA.- No me jodas. Sigues el camino más difícil para conseguir que te quieran. Ya lo hemos hablado mil veces, así es muy complicado ayudarte a salir de la...
AMA.- Yo estoy a gusto en mi cueva. Sois los demás los que os empeñáis en hacerme salir. No te quieres dar cuenta de que yo...
BERTA.- Yo, yo, yo...siempre tu yo delante. A veces podrías...
AMA.- Pensar en los demás es algo que los demás hacéis muy bien cuando se trata de olvidaros de vuestras miserias. No me apetece pensar en los demás. Cuando pienso en los demás siento que soy una criminal que está a punto de cometer un asesinato. Los pensamientos no pueden hacer nada para cambiar a nadie. Solo aniquilar. Los pensamientos no sirven para nada. Los pensamientos son abismos. Pensar en los demás es asesinar al otro y suicidarte. Exterminarnos. Cuando era una niña me daba miedo mirar a los ojos de los pájaros, creía que si los miraba me atacarían. Ahora me pasa cuando miro a los ojos de los demás y cuando pienso en los demás. No quiero pensar en nadie, ni siquiera en mí. No quiero hacer nada. Solo quiero sentir mi cuerpo. (Pausa) Cuando tenía ocho años dormía con mi hermano pequeño y él me acariciaba el sexo. No pensábamos, éramos y sentíamos. No había nada malo en ello. No teníamos miedo de sentir nuestros cuerpos. Sentíamos y eso era todo. A los demás no les interesa lo que yo pienso. Se han olvidado de sentir. Solo quieren hacer, manipular, convencerte de que has de pensar en lo que ellos hacen.